Vicente Gallego y los diálogos entorno a la sabiduría de Nisargadatta Maharaj pueblan este libro del acceso a lo más profundo; precisamente allí donde no hay superficie ni profundidad. Aquí y ahora.

 

Porque Vicente Gallego conoce a través de la poesía y es de poesía vital hacia el instante presente lo que descubrirás en este libro.

 

“Para caer en sí” Vicente Gallego Editorial Kairós

Confieso haber ido descubriendo primero al Vicente Gallego poeta, a través de versos y poemas sueltos que van llegándote espaciadamente en el descubrimiento de autores y especialmente de “Santa Deriva” (me interesa mucho la poesía y, humildemente, también escribo) y luego apareció el impresionante “Contra toda creencia” que te animo a leer.

Premio Nacional de la crítica y Premio Loewe de poesía, Vicente Gallego me gana, lo confieso, cuando señala que “solo cuando vivimos en desnudez, vivimos en paz” y afirma que sigue siendo un gozador de la vida, “pero ya no hay en mí contradicción, ni deseo, lo cual incluye gozar de todos los deseos y ver que todos ellos no son más que la vacuidad última del ser. La comprensión de la realidad es una afirmación de todo desde el vacío”. Una verdadera declaración de intenciones que tiene mucho que ver con la vía del aquí y ahora.

Es este un libro ágil pero profundo, repleto de un fino humor pero a la vez extrañamente turbador en el sentido de que Vicente Gallego consigue, a través de la práctica del diálogo, sumergirnos en el “meollo de la naturaleza original de la realidad”.

Conversación, diálogo entre amigos como un homenaje a quien Vicente Gallego considera su maestro, Nisargadatta Maharaj. Es casi un diario del buscador de la verdad.

 

El tono de ese diálogo que va componiendo el libro, te confieso que me ha recordado, vagamente, la lectura, hace muchos años ya, de otro libro de aprendizaje, como para mí fue “El camino del corazón” de Fernando Sánchez Dragó y me ha recordado también algunos textos en los que juega con el nombre de Oisinoid (Dionisio escrito al revés, álter ego, ángel de la guarda y doble astral con el que Dragó juego en muchos de sus textos y libros)

Subyace en todo el libro, a través también de un fino humor, la realidad del aquí y ahora para hablarnos de que la verdadera realidad es que no hay superficie ni profundidad. Es instante presente, aquí y ahora.

Permíteme que vuelva a Sánchez Dragó pare recordar que “La gnosis (el conocimiento) es fruto de la experiencia, no de la teoría. Se alcanza por el hacer y, en todo caso, por el sentir, no por el creer ni por el pensar” y de eso hay mucho en el texto del buen sabio de Vicente Gallego.

 

Leer este libro que te presento, al fin y al cabo, es como pasear con serenidad a la vera de un sabio que con sus enseñanzas te va abriendo caminos para tu propio despertar.

En boca de Nisargadatta y al hilo del pensar y del ego escribe Vicente Gallego: “La nada nunca estará presente aquí y ahora, al igual que la persona que la teme, ya que ambas son construcciones mentales. Como crees que ayer eras una cosa y mañana serás otra, y eso, aunque apartes la vista, te hace ver que tú no existes, te animas a pensar que podría haber ocurrido lo mismo con tu ser. Sin embargo, tu verdadero ser, por más que te empeñes en fundar sucursales suyas en ese tiempo de las elucubraciones mentales –para decir lo que fuiste ayer, o eso que pretendes ser mañana-, nunca te permitirá moverte de tu presencia consciente intemporal e impersonal.”

Y es que como recordaba Vicente Gallego en alguna de sus entrevistas, incluso Cervantes nos animó a ese conocimiento de nosotros y nosotras mismos y mismas, en esa recomendación que Don Quijote le hace a Sancho cuando le dice que “has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse”

Te invito a acompañar a Vicente Gallego en estos diálogos sabios y profundos que giran en torno a la palabra de su “maestro en vida” Nisargadatta Maharaj.

Al terminar de leerlo, volví a recordar la inscripción de la Puerta de la Victoria de Faterpur Sikri en India que dice “El mundo es un puente; franqueadlo, pero no construyáis nada encima. El que espera una hora puede pretender la eternidad. El Mundo merece una hora. Pásala con devoción. El resto no importa”.

Y entonces vuelvo a los versos de Francisco Brines en “El vaso quebrado. El poema”, que Vicente Gallego nos regala al inicio de “Para caer en sí”.

“Hay veces en que el alma

Se quiebra como un vaso,

Y antes de que se rompa

Y muera –porque las cosas

Se mueren también-,

Llénalo de agua

Y bebe,

Quiero decir que dejes

Las palabras gastadas, bien lavadas,

En el fondo quebrado de tu alma

Y, que si pueden, canten”.