No se hace de un día para otro, pero a tomar conciencia del instante presente se aprende.

 

En el arte de ejercitarse para tomar conciencia del instante presente, te doy cuatro ideas que puedes ir ejercitando cada día.

A la hora de tomar conciencia del instante presente, la práctica diaria de estas ideas harán que tu atención vaya tensándose de la mejor forma posible.

No es difícil, pero debes tener en cuenta que para poder aprovechar las horas de tu día a día, es bueno parar de vez en cuando para tomar conciencia del instante presente.

La primera idea es parar.

A lo largo del día, tendemos a una progresiva aceleración dejando la atención a un lado y, cuando termina la jornada, no somos conscientes de muchas de las cosas que hemos vivido.

Parar unos minutos, al menos cada dos horas, y dedicarlos a estirarnos, a movernos, a cambiar la mirada y dejar de fijarnos en el ordenador, hace que no lleguemos tan agotados y agotadas al final del día.

Escuchar de manera atenta.

Oír no es escuchar ni escuchar es oír. A lo largo del día, trata de poner toda la atención en una conversación o durante unos minutos a todos los sonidos que haya a tu alrededor.

No se trata de juzgar si son sonidos buenos o malos, feos o bonitos; simplemente se trata de ejercitar la atención para tomar conciencia de lo que tienes a tu alrededor, pero también de ir aprendiendo a tomar conciencia del instante presente.

 

Evaluación. El escáner corporal y emocional.

En ese movimiento de acciones que llevamos a cabo durante toda la jornada, no somos conscientes de nuestro estado corporal y emocional. Es bueno detenerse cada cierto tiempo y poner la atención en nuestra postura y en nuestro estado emocional aquí y ahora.

En ese sentido de atención, tomar conciencia del instante presente es básico para resituarnos y conectar con lo que nos hace bien o encontrarnos con la causa de algún malestar emocional que podamos arrastrar.

Respirar. Sobre todo respirar.

¡Claro!, ¡cómo lo vamos a olvidar!. Pero lo que no somos conscientes es de cómo es nuestra respiración.

Si ves a un bebé, podrás observar como su respiración es abdominal. Es la respiración más natural.

Pero cuando nos vamos haciendo mayores, olvidamos esa naturalidad del proceso respiratorio y, sobre todo por el estrés, nuestra respiración se vuelve más torácica, con lo que nos entra menos oxigeno, y eso tiene sus consecuencias y ya puedes imaginar que no buenas.

Esta es la cuarta idea que te quiero dejar. Tomar conciencia de la respiración, que es también un buen inicio para la práctica de la meditación.

Al fin y al cabo, el trabajo de tomar conciencia del instante presente nos mueve a una forma de habitar tu tiempo.

Sin duda, dedicar un poco de tiempo cada día a practicar con estas cuatro ideas, sin darte cuenta, irán poniendo mejoras en tu vida cotidiana.

Se trata de ir descubriendo que lo extraordinario está en lo cotidiano.

Mindfulness en estado puro