Es hora de poner la atención en lo cotidiano, en lo que nos une como especie, en lo que nos abre a la serenidad y nos aleja del desencanto.

 

Es hora de lo nuestro y dejar a un lado lo mío.

Habíamos creído que yendo rápido podíamos llegar antes a algún sitio.

El problema es que no teníamos claro donde llegar o incluso ni siquiera sabíamos a dónde pensábamos que íbamos a llegar, porque ese lugar era un espacio ficticio y lleno de sueños que eran inciertos.

Esta crisis provocada por un “enemigo natural” nos ha frenado en seco, dejándonos completamente noqueados ante una realidad de la que, por ahora, no sabemos muy bien cómo salir.

Pero vamos a salir.

 

Mañana casi nada va a ser igual.

 

Quien piense que cuando todo esto pase, todo volverá a ser exactamente igual que antes, sufrirá un mayor golpe que el que estamos viviendo en estos momentos de inesperado frenazo.

Será necesario un nuevo “contrato social” que signifique un nuevo punto de partida para generar espacios de convivencia en paz ante los innumerables retos que se avecinan.

Vamos a tener ante nosotros y nosotras una oportunidad histórica de poner en marcha un nuevo modelo social, político y económico y unos nuevos principios de convivencia y un buen aprendizaje para afrontar cualquier otro caso parecido que podamos sufrir.

También un nuevo contrato entre nosotros y la naturaleza.

Es increíble ver como, por fuerza mayor, nuestras ciudades están limpias.

Cómo los graves índices de contaminación han descendido al mínimo.

Ha tenido que ser una grave emergencia internacional la que nos haya enseñado que es posible trabajar en cuidar nuestro tan castigado planeta.

 

Cuidar nuestra vida es cuidar la vida de todos y todas.

 

A partir de este instante, ya no debe de haber impedimentos para desarrollar una nueva economía limpia y un impulso radical hacia el uso de las energías renovables. La movilidad eléctrica se va a imponer en poco tiempo.

A partir de este instante nadie podrá dudar de que hay que hacer un esfuerzo para cuidar nuestro estado de bienestar.

A partir de este instante nadie podrá dudar de la importancia de una sanidad pública fuerte.

Frente a respetables, pero a mi juicio, irreales teorías de que el coronavirus es una invención humana, tiendo más a pensar en la sabiduría de la naturaleza para defenderse ante la devastación que se estaba profundizando en las últimas décadas de nuestra reciente historia.

Nos han parado y este frenazo debe servirnos también para reflexionar seriamente sobre todo. En lo individual y en lo colectivo.

Esta crisis provocada por el Covid-19 o Coronavirus, convertida en una pandemia de la que vamos a salir, pero que, por desgracia, está costando mucho sufrimiento, nos sitúa ante un radical cruce de caminos y entre todos y todas hemos de decidir qué camino escoger para continuar la vida.

 

 

El camino del nosotros y nosotras o el camino del yo y lo mío.

 

El nosotros nos llevará a la unidad de acción, a trabajar codo con codo ante los nuevos retos y oportunidades y a luchar contra las adversidades.

El yo nos acercará más al precipicio, al agujero negro del no retorno.

Apostemos por la vida, apostemos por no pensar que hemos perdido algo, sino que vamos a hacer uso de esta tremenda experiencia como el principio de una nueva forma de habitar el tiempo.

Hagamos que la vida sea el encuentro con la sencillez de lo cotidiano.

De cada uno de nosotros y nosotras depende.

Cada uno de nosotros y nosotras puede ir poniendo el granito de arena.

Estamos confinados y confinadas en aislamiento, pero no estamos aislados ni aisladas.

En nuestras manos está hacerlo posible.

Nuevos tiempos, nuevos espacios, nuevas oportunidades.

Tiempo para valorar el tiempo. Tiempo para valorar las velocidades con las que queremos habitar nuestras vidas. Tiempo para anclarse en el único espacio del que no podemos salir que es el aquí y ahora.

Es el tiempo de darnos cuenta de que es desde el instante presente desde el que podemos transformar nuestras vidas y también, en parte, las de los demás hacia el objetivo del bien común.

Y recuerda siempre que lo extraordinario está en lo cotidiano.