Mindful eating es, simplemente, tomar conciencia del hecho de comer, de qué comes y de cómo comes. ¿Una moda?; pues realmente espero que todas las modas sean como esta. Practicar mindfulness dicen que está de moda. Pues bienvenida sea, porque todo lo que tenga que ver con el bienestar y el desarrollo personal, debería ser “asignatura” desde que entras, por primera vez, por la puerta de un colegio.

 

En una sociedad de la abundancia, en la que hablar de frugalidad no está bien visto, la comida se convierte en un acto simple en el que no darse cuenta de lo que ingieres y de cómo, cuánto, por qué y para qué ingieres. Así que hoy quiero hablarte de mindful eating o mejor del “arte de comer consciente”.

El castellano es una lengua rica, así que aunque haga referencia al término anglosajón de mindful eating, creo que lo mejor es, en este caso, hablar de comer de forma consciente.

En este modo de vida hiperacelerado que en general se lleva, el acto primordial de alimentar cuerpo y mente, suele ser un acto más de nuestra vida diaria al que no se le da toda la importancia que en realidad tiene.

Empezando por la respiración (tienes que aceptar y “darte cuenta” que ella es tu comida esencial) no tomamos conciencia de la forma de alimentarnos y tendemos a comer de forma compulsiva, sin una regla básica y sin atender a la forma de tratar los alimentos.

A través de mindful eating como se ha dado en llamar, puedes comenzar a disponer de una nueva relación más natural con tu alimentación y con los alimentos que ingieres.

De todo ello, por ejemplo, nos habla Jan Chozen Bays en su libro “Comer atentos. Guía para redescubrir una relación sana con los alimentos” del que tienes puntual referencia en la BiblioMnd pinchando en el enlace del libro.

Como bien sabes si eres seguidor o seguidora de Plenacción (cosa que te agradezco siempre de corazón), la práctica de mindfulness o de atención plena, es “darse cuenta” en todo momento del instante presente, de ver que la vida donde discurre es, precisamente, en el aquí y en el ahora, e integrar su práctica en tu vida diaria, conlleva muchos beneficios. Entre otros, darse cuenta de que la velocidad que imprimimos a nuestros actos cotidianos, nos lleva a la ansiedad, a enfermedades y a una mala relación con lo que nos rodea.

Pues bien, la aplicación de las prácticas de mindfulness o de atención plena al ámbito de la alimentación, es lo que se empieza a conocer como mindful eating o, como prefiero llamarlo, “el arte de comer conscientes”.

Cuando he hecho retiros de meditación, una de las cosas que más me sorprenden siempre, es ver y sentir cómo 40 o 50 personas comen en completo silencio y en actitud contemplativa hacia el proceso de alimentarse. No le pongo ningún matiz espiritual en este momento, sino déjame que le dé una pátina de placer sensorial a ese acto.

Y es que, practicar el mindful eating en tu vida diaria, puede hacer que eso de las dietas se convierta en pasado, puesto que al alimentarte de forma natural y equilibrada, poniendo atención a lo que haces y a cómo lo haces, beneficia tu salud tanto a nivel emocional como físico.

Con el objetivo de que comiences este sencillo proceso de “darte cuenta” del instante presente cuando comes, te recomiendo el libro de Jan Chozen Bays cuyo enlace te he dejado más arriba y que realices esta sencilla práctica. Eso sí; cuanto antes haz la prueba de comer en absoluto silencio. Apaga móviles, televisión, radio y lo que pueda distraerte y tanto sólo o sola o en familia, haz que el acto de comer se convierta en un acto de escucha silenciosa sobre lo que tu mente y tu cuerpo te dicen. La mayoría de las veces, los problemas de sobrepeso bien de ahí. No escuchamos cuando comemos….solo asaltamos los platos.

 

TU PRÁCTICA MINDFUL EATING:

Ingredientes: una uva pasa, o un poco de alimento que te guste.

Proceso:

1.- Siéntate tranquilamente frente a un plato en el que dispongas la uva pasa o un poco (muy poco) del alimento que hayas elegido.

2.- observa el alimento con atención durante un par de minutos. Observa su color, la textura, su posición en el plato. Trata de no hacer juicios. Simplemente observa.

3.- Toma el alimento en cuestión en la mano e investígalo con las únicas herramientas de que dispones (tus sentidos)

4.- Empieza tocándolo para sentir su tacto.

5.- Huélelo con atención.

6.- Introdúcelo en tu boca pero no lo muerdas. Explóralo. Seguro que encontrarás matices de los que nunca te habías dado cuenta.

7.- mastícalo con atención, no lo engullas rápido. Saborea el instante.

Cuando lo hayas comido, piensa en cómo llegó ese alimento hasta ti. ¿Quién lo recogió?, ¿se produjo cerca de donde vives o tuvo que hacer un largo viaje hasta tu mesa?, ¿dónde lo compraste?, ¿cómo llegó a tu casa?.

La clave es “darte cuenta” de que lo que ingieres también ha estado rodeado de vida y en el fondo también es vida.

Estoy seguro de que a través del “arte de comer consciente” o mindful eating, descubrirás una nueva y sana relación con la alimentación. En realidad, es el motor de tu vida.