Meditar en el trabajo o llevar a cabo prácticas de meditación en cualquier entorno laboral, puede ser tanto un beneficio para el trabajador como una trampa del empleador o empresario en beneficio propio.

 

La clave es distinguir y aprender a diferenciar lo que es meditar en el trabajo de lo que es la trampa mindfulness de la aceptación mal entendida.

 

Cuando meditar en el trabajo se convierte en : “Esto es lo que hay”…

 

Cuando se habla de meditar en el trabajo, siempre me gusta recordar los buenos beneficios que se producen a lo largo del tiempo, como es la mejora y disminución del estrés, la buena gestión y control de la ansiedad, la mejora en la organización y gestión del tiempo o el beneficio en las relaciones interpersonales en el área laboral.

Baste decir que mindfulness, como potente herramienta de desarrollo personal y profesional, es una ayuda hacia la mejora de las relaciones laborales en cualquier entorno de trabajo.

El problema es cuando desde la dirección de un centro de trabajo, se trata de utilizar esto de meditar en el trabajo como una herramienta sibilina de explotación y control del personal. Casos ya se están dando.

Uno de los principios de la práctica de mindfulness o atención plena, es lo que se conoce como “aceptación” en el sentido de que lo que en estos precisos instantes ES… ES. Aquí y ahora “es lo que hay” y no hay más y es desde ese proceso de aceptación desde donde pueden generarse cambios sostenidos en el tiempo.

Como señala Vicente Simón “la aceptación es el no oponer resistencia al fluir de la vida. No oponer resistencia a lo que ya es”, pero ¡¡esta es la cuestión primordial!!, ha de quedar claro que ese sentido de aceptación no conlleva, ni mucho menos, resignación.

Y es en este punto cuando en el meditar en el trabajo puede encontrarse la trampa mindfulness que se puede desarrollar en el entorno laboral y que, sin duda, puede ser una nueva forma de moobing laboral.

Cuando un empresario te está pagando 300 euros al mes por trabajar 40 horas a la semana y en condiciones de clara esclavitud, por muy “bonito” que sea el centro de trabajo en el que desarrollas tu actividad profesional, la práctica de mindfulness, meditar en el trabajo y la visión interior no pueden ser una herramienta para intentar perpetuar semejante atentado a la dignidad.

Implementar técnicas para meditar en el trabajo y llevar la vida mindfulness al ámbito laboral, no es sólo “apagar el piloto automático” o centrarse en el aquí y ahora, o dejar espacios para la serenidad o abrir un área de relax donde haya cojines de meditación, mientras desde arriba se trabaja desde la imposición, las condiciones laborales se deterioran y se pierden derechos.

Implementar técnicas para meditar en el trabajo, llevar mindfulness al ámbito de lo laboral, conlleva un radical cambio en el sentido de hacer empresa.

 

El sentido clásico y heredado de la revolución industrial de los términos de competencia y productividad, están más que reñidos con la vida mindfulness. Competir y producir sin alma ni corazón es, simplemente, “apuñalar” al contrario para ser “más” y, en estos casos, meditar en el trabajo o llevar la práctica de la atención plena a esos ámbitos es contraproducente.

Intentar la aceptación del instante presente en un ámbito laboral negativo, es intentar que se acepten condiciones laborales esclavistas en pleno siglo XXI.

Meditar en el trabajo ha de ser iniciar tu propia “revolución interior”.

 

Desde Plenacción como Consultoría para el desarrollo personal y profesional basado en mindfulness, desempeño mi labor más centrada en el área personal que en el empresarial.

Creo por experiencia propia y por los resultados que voy percibiendo en quienes deciden practicar la atención plena, que la meditación y la vida mindfulness desde la aceptación sin resignación, termina produciendo el inicio de un proceso personal de transformación interior, que lleva a tomar las riendas de tu propia vida aceptando aquello que no depende de ti, pero a cambiar profundamente aquello que sí depende de tu acción y actitud.

 

Es por ello que, desde la práctica de la atención plena o mindfulness, meditar en el trabajo sólo es beneficioso cuando desde la dirección de la empresa en la que se lleve a cabo un programa mindfulness, se tiene una visión integradora de lo que podría denominarse “emerger espiritual” (para el término véase “La tormentosa búsqueda del ser” de Stansilav y Christina Grof) de los trabajadores.

Sólo en empresas y en espacios laborales donde se considere al trabajador como persona y no cómo elemento de competencia y productividad, es posible generar un espacio de libertad hacia nuevos modelos de empresa más propios del siglo XXI que de finales del XIX.

Meditar en el trabajo y practicar mindfulness, conlleva el inicio de una revolución interior que otorga, a quien la vive, un mayor espacio de libertad, serenidad y felicidad en el “darse cuenta” de que desde el aquí y ahora, desde el instante presente, es posible y deseable el cambio hacia una vida más serena, feliz y saludable.

No creo en el “marketing mindfulness” como nueva moda empresarial. No creo en aquellas empresas y centros de trabajo que intentan abrir sus puertas a la atención plena o mindfulness con el único y perverso propósito de adocenar a sus empleados para facilitar su explotación poniendo como excusa los oscuros términos de productividad y competencia.

Mindfulness es una poderosa herramienta de liberación y transformación interior.

 

Y es desde esa íntima “revolución interior” que se desata en el aquí y ahora, desde donde se promueven nuevos y radicales cambios en la vida de las personas.

Ocurre lo mismo en el espacio personal de quienes dan el paso liberador de practicar mindfulness. Es una revolución interior y, como tal, a veces trastoca y rompe la línea argumental de quien la práctica, dándose cuenta de que su forma de vivir y habitar el tiempo no es la que quería o tenía por objetivo y, por ello, a veces se producen rupturas revolucionarias en la vida normal de quien se inicia en la meditación o mindfulness.

Apagar el piloto automático tiene la grandeza de disipar las nubes del engaño tanto propio como ajeno aunque muchas veces, el encuentro con la felicidad de uno, sea a costa de la felicidad de otros.

Eso, por ejemplo, se ve muy bien en los casos de separaciones y divorcios motivados por ese “emerger espiritual”, entendida esta espiritualidad como señala Grof cuando dice que “el término espiritualidad debe reservarse para situaciones que contemplan experiencias personales de ciertas dimensiones de la realidad, y que llevan generalmente nuestra vida y existencia, a una cualidad de tipo numinoso. La espiritualidad es algo que caracteriza la relación de un individuo con el universo y no requiere necesariamente una estructura formal, un ritual colectivo o la mediación de un sacerdote”.

Por tanto, en el emerger de un nuevo desarrollo personal y profesional basado en la práctica de mindfulness o atención plena, hay que saber y reconocer la diferencia entre meditar en el trabajo para el beneficio global de una nueva forma de entender la empresa y el mero y burdo aprovechamiento del término “aceptación” como un sentido de resignación para facilitar la humillación, la vejación y la explotación poniendo como excusa el “esto es lo que hay” y esto de la “competencia y productividad es lo que es”.

Mindfulness sí, pero para la revolución interior que hace que tomes las riendas de tu vida y gestiones tu felicidad y tu serenidad ante el nuevo tiempo. Tú decides aquí y ahora.