Antes de hablar de la diferencia entre dolor y sufrimiento desde el punto de vista de la práctica de mindfulness, te invito a leer este párrafo

 

 

“El remordimiento, y en ello coinciden todos los moralistas, es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y esfuérzate por comportarte mejor la próxima vez. Pero en ningún caso debes llevar a cabo una morosa meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse”. Aldous Huxley en el prefacio de “Un mundo feliz”

 

 

Extraigo este texto de la famosa novela de Huxley que ando releyendo cuando esto escribo, con la idea de darte algunas pequeñas y humildes pautas para poder establecer una buena diferencia entre dolor y sufrimiento con el objetivo de vivir con más serenidad.

Vaya por delante que en la vida, el dolor es consustancial a ella, pero sin embargo, el sufrimiento es opcional. Contundente ¿no?.

Así es. Perder un ser querido, tener una mala interpretación del fracaso por no considerar que no alcanzar una meta u objetivo es también un sano aprendizaje y no el final de nada, perder el empleo, una discusión, una ruptura…todo ello y todo lo que se te ocurra, puede derivar un dolor interior.

Está bien, es así, se debe entrar en esa aceptación sin resignación de la que tantas veces hablamos desde la práctica de mindfulness. Lleva un tiempo, hay que atender a nuestro proceso personal y particular de duelos. El dolor está ahí y se va sanando desde el instante presente, cuando uno entra en la aceptación sin resignación y pone su atención en el aquí y ahora.

La diferencia entre dolor y sufrimiento, está cuando de ese dolor realizamos toda una trama de pensamientos negativos enredados, no sólo a partir del instante en que ocurrió la emergencia del dolor, sino que llevamos nuestra mente más allá intentando encontrar una respuesta que no cambia nada.

 

El sufrimiento no es otra cosa que la rumiación de ese dolor consustancial a la vida. Esa es la clave que puede reportarte la serenidad perdida.

Déjame que te ponga un simple ejemplo. Imagina que discutiendo con alguien, el otro u otra pierde los nervios y te propina una patada. En ese instante hay un dolor tanto físico como emocional, ¡claro!, somos humanos y disponemos de emociones y corazón. El dolor físico termina curándose o atemperándose en el tiempo, pero el sufrimiento emocional que nos detiene y que puede convertirse en una losa para la acción y el desarrollo personal, aparece cuando se inicia la rumiación de ese instante…¿por qué a mí?, ¿Qué habré hecho?, ¿ya no valgo?, ¿Qué hubiese tenido que cambiar?. No dar respuestas inmediatas a ese hecho es lo que provoca el sufrimiento.

Disponer de una “vida mindfulness” es caminar por tus días habiendo apagado el piloto automático y ser consciente en todo momento de ese tipo de pensamientos que atraviesan tu cabeza y que sólo sirven para hacer del dolor un grueso sufrimiento paralizante.

La diferencia entre dolor y sufrimiento está ahí. En ese mismo instante en el que estás leyendo este texto. Atento y abierto , atenta o abierta a la vida y en un aprendizaje de fluir, te conviertes en observador u observadora de lo que pasa por tu mente y aprendes a discernir esa diferencia entre dolor y sufrimiento.

Esa “meditación sobre tus faltas” de la que nos hablaba Huxley en el texto de cabecera, es, para mí, la clave del sufrimiento y yo, sinceramente, hace mucho años que decidí estar aquí para vivir con serenidad y felicidad y es lo que intento transmitir desde Plenacción.

Y es que volviendo a la diferencia entre dolor y sufrimiento, extraigo otro breve texto del mismo prefacio de “un mundo feliz” de Huxley y es que “el cambio realmente revolucionario deberá lograrse no en el mundo externo, sino en el interior de los seres humanos”.

Así que cuando hablamos de la diferencia entre dolor y sufrimiento, ten bien en cuenta que como ser humano, establecer la diferencia, no radica más que en ti mismo o misma.

La libertad es tuya.