Disponer de una buena dosis de compasión, puede ser la herramienta fundamental para caminar en la senda de la paz en momentos de grandes transformaciones como los que atravesamos.

Tener compasión no es tener pena por otros u otras, sino eliminar sufrimiento y producir bienestar.

Como señalaba Gilbert Ryle “la compasión es la mente que siente aprecio por los demás y desea liberarlos del sufrimiento”

Para mí -y es lo que trato de mostrar desde Plenacción- la práctica de mindfulness no es una práctica para aislarse del mundo en el que habitas, sino aprender a disponer de herramientas muy potentes para que, a través de tu desarrollo personal y profesional, puedas mejorar y seas capaz de producir bienestar en tu vida y en aquellas otras vidas que te rodean. ¿Te imaginas que todo el mundo lo hiciese?.

Lo ocurrido en París con los atentados producidos por el odio, es normal que despierten una ola de rabia, casi dolor incontenido y muevan también nuevos fanatismos radicalizados por el odio y que, entonces, el sentido de compasión del que te hablo, se vea afectado en toda su dimensión de paz y bienestar.

En épocas de grandes transformaciones como la que estamos atravesando durante este tiempo, el sentido de compasión, entendido como un movimiento de generación de amor y productor de bienestar, ha de ser un nuevo camino hacia la serenidad y la paz.

Desde la práctica de mindfulness, una de las potentes herramientas que aprendes es la de la observación. Poder ver claramente y ser consciente del momento preciso en el que se aviva el odio, la ira o la rabia en el interior de tu ser y ser consciente del momento preciso en el que puedes –una vez apagado tu “piloto automático”- detener esa ola de destrucción que propicias hacia otros si no eres capaz de decir basta.

Tener compasión, es disponer de una capacidad de visión mucho más amplia de la reduccionista con la que habitamos cuando estamos todo el tiempo en ese viaje mental entre el pasado y el futuro que no nos deja sentir ni observar ni habitar el instante presente.

Después de momentos como los ocurridos en París tras los atentados del 13 de marzo de 2015 (ya una falta evidente de compasión es cuando nos conmueve más el dolor que tenemos al lado, pero olvidamos el mismo que ocurre en otras partes del mundo, como si hubiese muertos de primera, segunda o tercera clase) es cuando más trabajo debemos realizar en ese sentido de compasión por todos los seres vivientes.

Practicar la compasión es estar despierto o despierta en un mundo agitado que, en realidad, hemos ido creando cada uno y una de nosotros y nosotras con un sentido utilitarista de nuestros espacios y una evidente falta de compasión hacia quienes sufren y sienten dolor.

 

Pensar que con más dolor se puede curar el sufrimiento es comenzar a sembrar nuevos odios y tempestades.

En la política y en la economía del mundo también hace falta mucha compasión bien entendida, porque la sinrazón y el no ser conscientes del instante presente, evidencian una mala energía que termina por estallar en cualquier lugar.

Compasión y política con corazón son caminos para la paz que hay que estar dispuestos y dispuestas a recorrer. El problema es cuando quienes gobiernan, piensan que esto suena a utopía y por lo tanto son líneas irrealizables.

En su alocución a los miembros del Congreso de los Estados Unidos, Thich Nhat Hanh, expuso cómo transformar la forma de gobernar hablando de la toma de consciencia, de la escucha profunda y el habla bondadosa, dejando claro que esas humanas prácticas, “pueden restablecer la comunicación y eliminar las percepciones erróneas que constituyen la base de la violencia y el odio”

La práctica de mindfulness o de atención plena enseña, entre otras muchas cosas, el noble camino de la compasión y de haberlo puesto en marcha hace muchísimo tiempo, estoy convencido de que en estos momentos estaríamos hablando de otro mundo.

Trabajar en la compasión es el esfuerzo a realizar para la paz y la serenidad.

Necesitamos un mundo en el que cada cual pueda desarrollarse como ser viviente con la humildad, el respeto y la devoción por su vida y por la de los demás.

Necesitamos un mundo en el que, desde el respeto y la compasión por los demás, sea posible vivir la experiencia de cualquier tipo de espiritualidad (sea esta religiosa o laica para entendernos) basada en un principio de no agresión a quien piensa distinto.

La tierra que nos acoge, el universo que habitamos es perfecto. Somos los seres humanos los que conseguimos que ocurran hechos como los de París, Siria, Líbano, Argelia, Sudán…o cualquier rincón del mundo.

Insisto. Me niego a aceptar que la práctica de mindfulness solo sirva para disponer de una herramienta más de consumo y satisfacción propias. La práctica de la atención plena o mindfulness, ha de ser una herramienta de transformación personal que produce movimientos hacia la paz, la concordia y la serenidad y ahí, la compasión, es fundamental para no seguir cometiendo errores que llevan al caos.

Desde hace muchos años, tengo a mi lado dos frases que siempre me acompañan y que son mi sentido de vida. Son las que aparecen en la imagen de este artículo y que quiero compartir contigo.

Al fin y al cabo, si algo tengo seguro, es que vivir con odio, rencor e ira, provoca mundos de odio, de rencor y de ira. El ejercicio difícil pero liberador de la compasión, abre puertas a la sabiduría de la paz y el bienestar.

“La vida no es un problema a resolver sino una realidad a experimentar” Alan Watts

“El mundo es un puente; franqueadlo, pero no construyáis nada encima. El que espera una hora, puede pretender la eternidad. El mundo merece una hora. Pásala con devoción. El resto no importa” (Inscripción en el Buland Darwaza o Puerta de la Victoria en Fatehpur Sikri –India-)