En plena era digital, en esta mezcla de generaciones que han nacido con el bit debajo del brazo y los que vamos aprendiendo a reubicarnos en este maremágnum de tecnología y que pasamos nuestra infancia y juventud pegados al “átomo” de lo físico, asistimos al mundo de la multitarea.

Son tiempos veloces, en los que en menos de 24 horas, pretendemos hacer y deshacer lo máximo posible faltándonos manos para tanta actividad. Pero ¿realmente es necesaria tanta actividad para disponer de una vida sencilla que nos permita realizarnos como personas?, ¿realmente es necesario andar con la lengua fuera persiguiendo un futuro sin estar por completo presentes en el aquí y ahora, que es donde realmente discurre nuestra vida?.

Es necesario marcarse objetivos y metas que nos sirvan para desarrollarnos como personas; metas y objetivos que nos completan como individuos felices en una sociedad hiperconectada.

El problema es doble. Por una parte tenemos dificultad para encontrar nuestro verdadero yo a través del que disponer de objetivos claros y adecuados a nuestras posibilidades, y por otra, nos dejamos arrastrar demasiado fácilmente por esos distractores que nos rodean y que dificultan el acceso a nuestro bienestar.

Es bueno pararse. Dejar a un lado las autopistas para disminuir la velocidad y transcurrir por carreteras secundarias, es un buen ejercicio para constatar que hay otra forma de hacer las cosas que nos lleva al mismo lugar que por la autopista, pero sin jugarnos el tipo en los accidentes del estrés y la ansiedad.

Hoy quiero comentaros algunos de esos distractores que nos llevan por el camino de la amargura, al darnos cuenta que, por muchas horas que dejemos en nuestros proyectos, no alcanzamos los objetivos y metas propuestos.

 

  1. Falta de organización. Si dejas para mañana lo que puedas organizar hoy, te encontrarás con eso que se llama “procastinar” que no es otra cosa que no enfrentarte a tus propios retos. Sólo dispones de las limitaciones que tú mismo o misma te impones.
  2. Falta de objetivos. No clarificar buenos y grandes objetivos para luego poder subdividirlos en tareas confortables que vayan construyendo “mini-pasos de éxito” es otro de los habituales errores de lo que, en general, reconocemos como fracaso…¿fracaso?…¿que es eso?…motivo de reflexión.
  3. Indecisión. Aventurarse es comenzar la salida de la zona de confort que nos paraliza. Si esperamos a “tener todo atado y bien atado”, seguiríamos en el mismo sillón raído de siempre. Hay que pensar en acomodarse en el cambio constante, que es lo que, realmente, crea movimiento.
  4. No eres el Máster del Universo. Tienes que tener claro que no puedes con todo. Que no eres ni Superman ni Superwomen, así que tienes que tener claro que es bueno y obligado delegar.
  5. No descansar. Porque en una sociedad hiperconectada que nos arrastra a la aceleración si no tienes la suficiente fuerza de voluntad como para saber parar, el cansancio físico y el estrés, la ansiedad y la falta de salud, están rondándote más de lo que piensas
  6. Interrupciones. Conviértete en un absoluto o absoluta controlador/a de tus interrupciones. Sé consciente de ellas y aprende a manejarlas porque son las que te hacen perder una buena gestión de tu tiempo.
  7. Teletrabajo mal entendido. Si eres de los que tienes el despacho en casa, entonces estás habituado a tu oficina móvil desde tu Pc, tu Tablet o tu dispositivo móvil del tipo que sea. ¿Sales a la calle en pijama?, ¿pues porque lo haces en casa mientras trabajas?. Crea buenas costumbres. Maneja bien tus horarios. No te digo que te pongas de punta en blanco, pero diferencia tus espacios. Cuando trabajo me divierto trabajando, cuando me tiro en el sofá, me divierto tirándome en el sofá. En un sitio lo hago en vaqueros, en el otro con mis “pantacas” de estar por casa.
  8. Reuniones. Organízalas con antelación, proponte objetivos y temporalízalas bien. Más vale un encuentro corto pero fructífero que uno largo y de diluidas ideas.
  9. Los tapones. No estás para colocar tu mensaje, sino para el diálogo, el compromiso, la reflexión y la escucha atenta. Gana desde el silencio lo que pierdes con el ruido.
  10. Crisis. Grábate como un tatuaje que la palabra crisis no tiene porqué ser negativa. Que las crisis generan nuevos movimientos, que de las crisis se sale en el refuerzo o en el abatimiento.

La práctica de Mindfulness o Atención Plena provoca sutiles cambios en tu forma de ver y sentir el mundo en el que habitas. Y ten claro que no por mucho correr vas a llegar antes…la gran pregunta es ¿a dónde vas?.