Si te hablo de cómo meditar bien pues empezamos mal. De la misma manera que si te digo que meditas mal no haría lo correcto.

 

Entonces, ¿cómo sé qué es meditar bien o mal?.

 

Símplemente siéntate y respira. Pon toda tu atención en la respiración. Observa.

La primera vez que, de verdad, me senté a meditar fue de golpe y a lo bruto. Lo había intentado alguna vez en casa y solo, pero no duraba más de un par de minutos sin moverme.

En realidad supe que era eso de meditar bien cuando me presenté en el Templo Zen de Luz Serena allá por el año 2000 con la idea de hacer un retiro de meditación de una semana.

Buscaba una semana de relajación y me encontré con una semana de tortura que me cambió la vida para siempre.

No hubo término medio. La primera sentada en zazen fue de media hora. No es que me doliese algo, es que no había un sólo centímetro de mi cuerpo que no me doliese. Pero ahí estaba yo, sentado de cara a la pared, más tieso que una escoba y en ocasiones llorando como una magdalena.

No sé si era meditar bien o mal, pero seguí sentándome de forma habitual sin pedir nada a cambio, sólo sentarme y respirar, pero sin apenas darme cuenta, todo cambió.

Siempre digo que aquella semana en Luz Serena a la que siguieron más semanas otros años, fue de las mejores cosas que he hecho en mi vida

Así que ahora permiteme que te diga 5 buenas ideas para que a la hora de meditar, no pienses que lo haces bien o mal, sino que tengas la certeza de que si te sigues sentando cada día, tu vida cambiará y, sin duda, a mejor.

1.- No te agobies porque tu cabeza se llena de ideas, pensamientos, imágenes, sentimientos.

Una vez que te sientas en silencio, comienza la fiesta. Asiste a ella desde una posición de observación. No te aferres a nada. Son nubes que pasan.

2.- Más de una vez te vas a dormir. No pasa nada.

Cambia un poco de postura, no cierres los ojos, busca centrar tu atención. Si decides meditar en la cama y te quedas dormido…pues muy bien. Seguro que dormirás mejor. No te preocupes.

3.- Te quieres mover.

No aguantas sentado. Pues no te hagas ni caso y sigue un poco más centrándote en tu respiración. Observa cómo estás, cómo te sientes. Es tu ego el que te está ordenando que te levantes. No quieres ser dominado. Respira y sigue en posición de meditación.

4.- Te duele hasta la goma del pantalón.

Pues nada, te doy la más cordial bienvenida al club. Hay días en los que noto que la rodilla me estalla, o siento un intenso dolor en la espalda. Si no es de una mala postura, trato de centrarme en ese dolor, lo respiro, lo dejo estar. Y de repente me doy cuenta que lo que hay es un dolor emocional por algo. Y encuentro lo que es y ese dolor se calma.

5.- No sientes nada.

Estás igual. Bien, está bien. Te habían dado la idea de que con la meditación te sentías como en una nube, que si casi flotabas, que si la felicidad suprema. Lo siento, pero no hay nada de eso. Eso sí, el día menos pensado te ocurrirá algo y te verás respondiendo de una forma nueva. Un día sentirás que ante un estímulo respondes de otra manera y te sorprenderás. Pues bien, es ahí donde tienes que seguir meditando todavía más.

Así que ya no te preguntes si debes meditar bien o mal. Símplemente, siéntate, centra tu atención, respira y convierte esa acción en un hábito.

Será algo de lo que nunca te arrepentirás.

Y para aprender a meditar, aquí tienes un enlace en el que te doy algunas ideas más. (Pulsa en la imagen)